Los doce trabajos de Hércules

Hércules contra la Hidra.

Hércules, el héroe ancestral.

En muchas culturas antiguas podemos encontrar una figura heroica asociada a un semidiós – héroe, atlético y forzudo, luchador y sembrador del bien. Es el caso de Heracles el griego, Thor el germánico, Balarama el hindú o Sansón el hebreo. Estas historias, más que simples mitos, parecen referenciar en nuestro subconsciente una profunda significación espiritual: la lucha del hombre contra sí mismo y la victoria sobre la muerte. Lucha que se engendra en los mortales como causa primaria de la iniciación en los misterios y en la búsqueda de la perfección.

 

La Leyenda de Hércules

Hace más de 2.000 años, se contaba la leyenda de un, ya para aquel entonces antiguo héroe, a quien en la mitología griega llamaban “Heracles”.

Eran tales sus hazañas, que se contarían durante muchos siglos. Heracles (más conocido como Hércules, como lo llamaron los romanos), era hijo del mismísimo Dios Zeus (padre de los dioses y rey del Olimpo) y de una mujer mortal, llamada Alcmena. Esto significa que, tras su apariencia dura y terrena, se oculta la chispa de lo divino. Una alegoría que esconde con bello lenguaje simbólico la verdad que se oculta en cada uno de nosotros.

Hércules no cae en la tentación titánica de rebelarse contra la voluntad divina; no quiere igualarse a los dioses, sino que asume su condición subordinada y acepta con entusiasmo la misión que marca su destino, acatando siempre los designios de Zeus, con el propósito de servir y cooperar con el orden divino.

Para realizar tal destino, Hércules se somete a una serie de duras pruebas, las que tarda diez años en concluir. Tales empresas le son impuestas por su primo Euristeo, a quien Hércules se ve sometido por un designio aparentemente injusto del hado. La mayoría de los doce trabajos consisten en el combate contra algún monstruo o animal fabuloso al que ha de dar muerte, someter o capturar vivo. Cuando no, consisten en capturar algún objeto de valor inconmensurable. Uno a uno, cada trabajo es impuesto al héroe por su primo, sin conocer el que le será asignado a continuación, y causando la ira y envidia de este último al ver que todos son ejecutados con gran valentía y eficacia. Veamos pues cuáles son estos trabajos:

I. Matar al león de Nemea.
II. Matar a la hidra de Lerna.
III. Capturar a la cierva de Cerinia.
IV. Capturar al jabalí de Erimanto.
V. Limpiar los establos de Augías en un día.
VI. Matar a los pájaros del Estínfalo.
VII. Capturar al toro de Creta.
VIII. Robar las yeguas de Diomedes.
IX. Conseguir el cinturón de Hipólita.
X. Robar el ganado de Gerión.
XI. Traer las manzanas del jardín de las Hespérides.
XII. Capturar al guardián de los infiernos: el can Cerbero.

Hércules

Hércules representa la lucha contra la naturaleza bestial latente en el ser humano.

Estas tareas simbolizan, bajo distintos aspectos, la lucha contra la naturaleza bestial latente en el ser humano, la guerra interior para someter al ego pasional que se opone a la verdad y al orden. La victoria de Hércules sobre cada uno de estos obstáculos representa la victoria lograda por el hombre de vocación heroica cuando logra aniquilar su “falso yo”, sometiéndolo a las directrices de la inteligencia y de la norma trascendente.

 

 

Analicemos esto a través de algunos ejemplos:

En la región de Nemea debía Hércules capturar en su primer trabajo, a un hambriento león, el cual había diezmado a la población, devorando a todo aquel que se cruzase en su camino. Al encontrar el héroe a la bestia intentó darle muerte con sus flechas, mas era su piel tan dura que no la pudieron atravesar. Tomó entonces Hércules su garrote y se abalanzó sobre el león, aturdiéndolo a golpes. Hecho esto, lo tomó con sus manos y lo estranguló. Así pues, el primero de los trabajos del campeón nos habla de la derrota de la soberbia, representada en el león, a la cual debemos renunciar antes de emprender el camino de la iniciación. Esto se logra a través de la voluntad y la fuerza que debe imponerse al emprender la búsqueda de la perfección.

El segundo trabajo consiste en matar a la hidra de Lerna, una serpiente de nueve cabezas y colosal en sus proporciones. Poseía escamas duras como el acero y su aliento era mortal al igual que su sangre. Cada vez que Hércules cortaba una cabeza al monstruo con su espada, volvían a crecer dos más, de modo que se volvía aún más peligroso. Entonces, el héroe preparó un fuego con el cual iba cauterizando las heridas de la bestia, evitando que crecieran nuevas cabezas. Sin embargo, la última cabeza era inmortal por lo que Hércules, tras cortarla la enterró debajo de una inmensa roca. En este trabajo vemos ahora las dificultades del iniciado para “acallar la mente”, representada por la hidra, cuyos pensamientos incontrolables (las serpientes) nos atacan con violencia sumergiéndonos en un estado de falsa realidad, donde el ego es quien controla el mundo y se niega a aceptar la verdad consciente. En esta instancia es la inteligencia espiritual (la espada y el fuego juntos) unidas a la perseverancia lo que le permiten lograr el objetivo.

En su tercer trabajo, Hércules debe dar caza a la cierva de Cerinia; se trata de un animal veloz como el viento, con pezuñas de bronce y cornamenta de oro a la que nadie podía dar alcance. Hércules debía capturarla viva, pero para hacer aún más difícil la empresa, dado que el animal se hallaba consagrado a la diosa Artemisa (la diosa de la luna), tiene que apoderarse de ella y someterla sin herirla para no incurrir en sacrilegio. El héroe persigue en vano a la cierva día y noche durante un año, llegando hasta el lejano país de los hiperbóreos; allí aprovecha la ocasión en que la cierva se detiene a beber en una fuente para inmovilizar sus patas delanteras, disparando una flecha que pasa por el fino resquicio existente entre el tendón y el hueso, sin derramar una sola gota de sangre.

Para Charles Waldemar, la captura de la cierva de Cerinia simboliza la victoria del hombre mago-héroe sobre el poder disolvente, huidizo y volatizador del tiempo; victoria que sólo puede lograrse a través de la vivencia del “eterno presente”. Es la liberación de la tiranía a que nos somete, con su vertiginosa velocidad, la sucesión temporal, la cual nos hace estar siempre corriendo en pos de algo que no podemos alcanzar jamás. Desde esta perspectiva, las cuatro patas del cérvido representan las dimensiones del tiempo: las dos traseras el pasado y las dos delanteras el futuro. Los cuernos de oro son el símbolo del presente, del “ahora dorado” en que el hombre experimenta la presencia divina.

Características muy diferentes tiene el quinto trabajo: la limpieza de los establos de Augías, los cuales, al no haberse limpiado durante años, rebosan de estiércol, invadiendo su hedor todo el Peloponeso. Hércules recibiría de Euristeo la orden de asearlos en un solo día, mientras que Augías, que considera imposible la tarea, le promete una cuantiosa recompensa si lo consigue. Para llevar a cabo tan difícil misión, el héroe desvía el curso de dos ríos y hace pasar la corriente por el establo, arrastrando las aguas la suciedad por completo. El estiércol acumulado en los establos representa las impurezas que la inercia de la vida mental, racional y sentimental, va acumulando en la psique humana, tanto en su dimensión consciente como subconsciente. El agua que aleja la suciedad acumulada a lo largo de años, es el libre fluir de la corriente de la existencia, que pone fin así al estancamiento que de ordinario pudre y vicia la vida. Dado que Hércules había exigido de Augías el pago de la recompensa prometida por la realización de su hazaña, el quinto trabajo no fue aceptado como válido por Euristeo, ya que tal exigencia le quitaba gran parte de su valor como hazaña heroica, la cual ha de ser desinteresada, y hacía disminuir el efecto purificador de la tarea de limpieza en sí misma.

Otro trabajo de peculiar significación, corresponde al noveno, donde debe apoderarse del cinturón de Hipólita, reina de las Amazonas. Para conseguirlo Hércules se enfrentará a los ejércitos femeninos, dando muerte a la arisca reina luchadora. Las amazonas, mujeres guerreras que asesinaban a cualquier ser masculino que entrara en sus dominios, simbolizan la feminidad rebelde contra el principio viril. Esto, proyectado a la vida interior, significa la rebeldía violenta del elemento pasional, de la naturaleza femenina un cada ser humano, sea hombre o mujer, contra el intelectual y espiritual, al que corresponde la primacía jerárquica y que es el que ha de regir su ser y su vida. Dicho con otras palabras, es la insubordinación de la psique o alma contra el espíritu.

El undécimo trabajo es quizás el más rico en contenido simbólico. La conquista de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Estas manzanas eran el fruto del árbol del Sol y tenían la facultad de otorgar la eterna juventud y la inmortalidad. Se hallaban custodiadas por un dragón cuya cola se encontraba enroscada al tronco del árbol y estaban al cuidado de las Hespérides, ninfas de gran belleza y voz melodiosa. Tras descifrar muchos enigmas y no pocos obstáculos, Hércules logra hacerse de las manzanas gracias a la complicidad de las ninfas y durmiendo al dragón custodio del árbol. La obtención de las manzanas de oro tiene un significado de conquista solar, pues el árbol de las Hespérides es donde se cobija el Sol al llegar el atardecer. El héroe hace suyas las cualidades del astro rey: luminosidad, claridad, centralidad, majestad e inmortalidad. En la conquista del fruto de las Hespérides se anuncia ya el logro de la inmortalidad olímpica que Hércules va a conseguir en breve.

Hércules y el cancerbero.

El cumplimiento exitoso de sus trabajos desencadena su Apoteosis.

Superados los doce trabajos, Hércules está en condiciones de ascender al Olimpo, el Reino de los Cielos. La vida del héroe termina con su auto inmolación en el fuego sagrado. Sin embargo, las llamas del holocausto, lejos de consumir su cuerpo, lo inmortalizan a medida que recibe las caricias del fuego purificador. Cuando las llamas rodean al héroe, un rayo enviado por Zeus desciende sobre la pira y Hércules asciende en él a las alturas olímpicas para unirse a los dioses. En esta escena podemos ver la simbología de la auto inmolación en el fuego de la sabiduría divina. Es el completo sacrificio del ego, que tendrá como consecuencia el logro del despertar espiritual; la realización o liberación suprema.