El dinero

Contrariamente a lo que podamos pensar, el dinero por sí mismo, no es un gran aporte al desarrollo tecnológico y al bienestar de la Humanidad; esto pues solo lo hace en la medida en que este cambio tecnológico ayude a generar más dinero u otorgue mayor poder a sus propietarios.

hidrocarbutos

Grandes corporaciones en contraposición al avance tecnológico más sustentable.

Veamos esto con un claro ejemplo: la generación de energías sustentables. Los avances tecnológicos actuales permitirían a la Humanidad nutrirse de energías renovables, limpias y no contaminantes para hacer andar su monstruosa maquinaria productiva. Los automóviles eléctricos ya son una realidad. Las energías solar, eólica y geotermal están disponibles en grandes porciones del planeta. Sin embargo «algo» no permite que esos avances se desarrollen, popularicen, implementen o, simplemente, que lleguen a las masas. ¿Por qué ocurre esto? Pues porque hay entidades y corporaciones en la industria de los hidrocarburos, con mucho dinero (y por consiguiente con mucho poder), como para evitar que estas tecnologías alcancen los objetivos más filantrópicos. Ejemplos como estos hay miles: lo vemos en la industria farmacéutica, en la educación, en la anulación de la posibilidad de distribución gratuita de la electricidad, en la entretención, el deporte, la construcción, la seguridad, la política y prácticamente en todas las disciplinas humanas.

Pero, hecho este análisis, ¿cree Ud. que el dinero es realmente el culpable de todos los males del Hombre? Algunas corrientes basadas en el uso adecuado de la ciencia y los recursos, plantean que el dinero debe ser erradicado de las sociedades humanas y lo asocian en gran parte a la deplorable situación en la que se encuentra nuestro mundo, con sus guerras, hambrunas y la desmedida contaminación. Iniciativas como el Proyecto Venus plantean que la humanidad en su actual estado de conocimiento y desarrollo tecnológico, sería capaz de generar energías renovables durante los próximos 4.000 años y construir máquinas que trabajen por nosotros, de modo que los humanos nos dedicásemos a estudiar, enseñar, o a compartir con otros, así como a disfrutar de la vida. En esta sociedad ideal, el trabajo no sería remunerado en los términos conocidos actualmente, sino que cada cual aportaría a la comunidad con sus capacidades innatas para que la humanidad sea mejor y alcance un estado de evolución avanzada. Esta sería una especie de «retorno a la era del trueque», donde cada cual aporta con los recursos de los que dispone: conocimientos y destrezas en distintas áreas, labores manuales, arte y entretención, etc.

Esta postura es bastante interesante, pero parte de su filosofía está basada en un hecho difícilmente comprobable: que con la eliminación total del monetarismo, es decir, del dinero, se esfumarían también algunos aspectos oscuros del Ser Humano, como son la envidia, la malicia y las ansias de poder, entre otras. En algunos casos podemos inferir que el dinero es causante de muchos de esos males, pero creo desmedido pensar que lo es de todos ellos. Simplemente habría que mirar al pasado y percatarse que, incluso antes de la adopción del dinero, los pueblos ya se mataban unos a otros por dominar territorios, por salvaguardar su estirpe o, incluso, en nombre de alguna deidad protectora.

 

¿Es el dinero buena o mala cosa?

 

La verdad, el dinero no es ni bueno ni malo en sí mismo. Es como un cuchillo: puede ser una útil herramienta para afilar un palo o cortar una cuerda, pero también un arma mortal en las manos equivocadas. Incluso un martillo o una botella pueden convertirse en algo negativo si son utilizados para matar, herir o dominar violentamente a alguien.

El dinero

El dinero: ¿culpable de todos nuestros males?

 

Entonces, bajo este prisma, ¿eliminar el dinero de la faz de la tierra aseguraría que los Seres Humanos logremos vivir en paz? La respuesta a esta pregunta no es fácil. Ello pues no depende tanto de la acción misma, sino más bien de la intención subyacente en dicha acción. Tal vez tenemos que preguntarnos si estamos dispuestos a vivir en armonía y a respetarnos los unos a los otros, como raza, a pesar de nuestras diferencias y nuestros efímeros intereses. Probablemente, una vez logrado eso, el dinero, simplemente, ya no sea necesario. De nosotros depende.

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