Parsifal – Richard Wagner (libreto en español)

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PRELUDIO

ACTO I

(La escena se desarrolla en el territorio de los Caballeros del Grial y su castillo, Monsalvat. El bosque está en penumbras, oscuro pero no tenebroso. Hay un claro en el centro. A la izquierda, un camino lleva hasta el castillo, el escenario del fondo hace bajada hasta llegar a un lago. Está amaneciendo. Gurnemanz, un anciano robusto, y dos jóvenes escuderos duermen bajo uno de los árboles. Los trombones tocan a diana desde el castillo)

Gurnemanz
(Despertando y despertando a los escuderos)
¡Eh, vosotros! Guardianes del bosque,
o más bien del sueño,
¿ni siquiera os despertáis cuando el día amanece?
(Los dos escuderos se ponen de pie de un salto)
¿Habéis oído diana? Ahora dad las gracias a Dios,
que os habla y escucha
(Se arrodillan para rezar, después se levantan despacio, cuando cesan los trombones)
¡En pie, muchachos! A lavarse.
Esta vez el Rey
viene en litera.
¡Ya veo acercarse a los exploradores!
(Entran dos caballeros)
¡Saludos! ¿Cómo está Amfortas hoy?
Va a lavarse muy temprano:
Confío en que esa hierba
que Gawan le consiguió
con tanta osadía y arte le alivie el dolor.

Segundo Caballero
¿Así que eso confiáis, viejo sabelotodo?
De repente, la enfermedad
le ha vuelto a atacar con ferocidad,
le impide dormir, y le destroza por dentro.
Necesita lavarse en seguida.

Gurnemanz
(Bajando la cabeza con tristeza)
¡Que tontos somos al buscar remedios,
cuando sólo la Salvación puede curar!
Podemos buscar y perseguir hierbas y pociones
por todo el mundo
¡La ayuda sólo
proviene de Uno!

Segundo Caballero
¡Entonces decidnos Su nombre!

Gurnemanz
(Evadiendo la respuesta)
¡Preparaos para el baño!

(Los escuderos están de espaldas, mirando a la derecha)

Segundo Escudero
¡Mirad el jinete salvaje!

Primer Escudero
¡Eh!
¡Mirad cómo flotan en el aire las crines de la yegua de ese diablo!

Segundo Caballero
¡Bien! ¿Está Kundry allí?

Primer Caballero
Dudo que no traiga ningún mensaje

Segundo Escudero
La yegua ha tropezado.

Primer Escudero
¿Ha salido volando por los aires?

Segundo Escudero
Ahora ha caído al suelo

Primer Escudero
Está barriendo el musgo con sus crines

(Todos miran a la derecha con curiosidad)

Segundo Caballero
La mujer salvaje logra salir y se pone en pie

(Kundry entra, cojeando. Sus ropas están rasgadas, hechas un lío, lleva su melena negra suelta; su piel tiene un color marrón rojizo oscuro; sus ojos son negros y penetrantes: a veces echan chispas, pero casi siempre están llenos de vida y están atentos a todo. Se dirige corriendo hacia Gurnemanz, y le tiende un frasco de cristal)

Kundry
Ten. Toma. Este bálsamo

Gurnemanz
¿De dónde lo traes?

Kundry
Desde más allá de lo que os podáis imaginar.
Si este bálsamo no le ayuda,
Arabia no puede hacer nada más para salvarle.
No me hagas más preguntas
(Cae al suelo, agotada)
Estoy cansada

(Por la izquierda entra una procesión de Caballeros y escuderos que llevan la litera de Amfortas. Gurnemanz dando la espalda a Kundry, se gira hacia los que acaban de llegar)

Gurnemanz
(Mientras entra la procesión)
Ya viene. Nos lo traen.
¡Ay de mí, como puedo soportar verlo así:
cómo un señor de un linaje tan victorioso
de una hombría de tan noble sangre,
puede quedar tan degradado por una enfermedad!.
(Dirigiéndose a los escuderos)
¡Tened cuidado! ¡el Rey está gimiendo!

(Los escuderos dejan la litera en el suelo)

Amfortas
(Incorporándose un poco)
¡Ya está bien! ¡Gracias! Un pequeño descanso.
Después de una noche de horrible dolor,
¡ahora una brillante mañana en el bosque.
En el lago sagrado,
las olas me calmarán.
El dolor ha cesado
la noche de enfermedad ha aclarado
¡Gawan!

Segundo Caballero
¡Mi Señor! Gawan no está.
Su hierba curativa
aunque con tanto empeño la buscó,
no os ha traído ninguna esperanza,
y ahora se ha ido a buscar nuevas hierbas.

Amfortas
¿Sin mi permiso? ¡Qué se le perdone esta falta cometida,
contra la Orden del Grial!
¡La aflicción se apoderará de este caballero tan desafiante,
si cae en las redes de Klingsor!
Ahora, todos vosotros, dejadme en paz.
Yo espero a aquél que me juzgará:
«Conociendo gracias a la piedad…»
¿No era así?

Gurnemanz
Así lo decíais vos.

Amfortas
«¡El tonto inocente!»
Creo que le conozco:
¡Debería llamarle muerte!

Gurnemanz
(Tendiéndole el frasco de Kundry)
¡Bueno, pero primero probad esto!

Amfortas
(Examinándolo)
¿De dónde procede este misterioso frasco?

Gurnemanz
Lo encontraron para vos en Arabia

Amfortas
¿Quién lo encontró?

Gurnemanz
Ahí la tenéis, la mujer salvaje.
¡Levántate Kundry! ¡Ven aquí!

(Kundry se niega y sigue tumbada en el suelo)

Amfortas
¿Tú, Kundry?
¿Debo darte las gracias una vez más?,
¿A ti doncella infatigable de mirada tímida?
¡Bien!
¡Probaré este bálsamo
como agradecimiento por tu fidelidad

Kundry
(Tumbada en el suelo, un poco incómoda)
¡No me deis las gracias! ¡Ja! ¿De qué serviría?
¡No me deis las gracias! ¡Id, id a lavaros!

(Con una señal de Amfortas la procesión se pone en marcha. Gurnemanz, mirándolos con tristeza, y Kundry, que sigue tumbada, se quedan. Los escuderos van y vienen)

Tercer Escudero
(Un joven)
¡Eh, tú!
¿Por qué seguís tumbada como si fueras una bestia salvaje?

Kundry
¿Acaso las bestias aquí no son sagradas?

Tercer Escudero
Sí, pero no es tan seguro
que tú seas sagrada también.

Cuarto Escudero
(Un hombre más o menos joven)
Con su arte de brujería,
imagino que pronto acabará con nuestro Señor.

Gurnemanz
¿Ehem! ¿Acaso os ha hecho algún mal?
Cuando todos están sin saber que hacer,
sin saber como enviar un mensaje
a nuestros hermanos que luchan en tierras lejanas,
vosotros ni tan sólo sabéis a dónde,
ella, mientras vosotros buscáis la respuesta,
corre y vuela de aquí a allá,
llevando nuestros mensajes fielmente.
Ni os pide nada, ni se acerca a vosotros,
pues no es de vuestras clase baja:
ella ofrece su ayuda cuando hay peligro,
y sin dudarlo vuela por los aires,
sin pediros que le deis las gracias por ello.
¡Si esto es hacer el mal,
entonces vosotros podéis hacer mucho bien!

Tercer Escudero
¡Pero, si nos odia!
¡Mirad de qué manera tan despectiva nos mira!

Cuarto Escudero
Es una hereje, una bruja.

Gurnemanz
Sí, por desgracia está maldita.
Y ahora vive entre nosotros,
para pagar una deuda
que tiene desde una vida anterior,
y que hasta ahora no ha sido pagada.
Ahora hace penitencia llevando a cabo
actos como el de procurar éxitos a nuestra Orden de Caballeros.
Hace el bien, y nos sirve con obediencia,
y así se ayuda a sí misma.

Tercer Escudero
Entonces, ¿es cierto que por culpa suya,
esta maldición ha caído sobre nosotros?

Gurnemanz
(Recordando)
Sí, muchas veces, cuando permanece alejada de nosotros durante mucho tiempo,
la desgracia cae sobre nosotros.
Yo la conozco desde hace muchos años:
sólo Titurel la conoce desde hace más tiempo que yo.
(Dirigiéndose a los escuderos)
Él fue quien la encontró,
cuando construía el castillo,
ella dormía aquí entre los matorrales,
su cuerpo inmóvil y sin vida, como muerto.
Fue hallada no hace mucho,
después de aquella maldita desgracia
nos la trajeron desde las montañas
(A Kundry)
¡Eh, tú! Escúchame y dime
¿dónde te hallabas
cuando nuestro Señor perdió su lanza?
(Kundry permanece en un melancólico silencio)
¿Por qué no nos servías en aquel entonces?

Kundry
Yo… no ayudo a nadie

Cuarto Escudero
Ella misma lo admite

Tercer Escudero
Si es tan fiel, tan valiente en la lucha;
enviadla a buscar la lanza perdida

Gurnemanz
(Con tristeza)
Eso es otro asunto.
Nos está prohibido a todos
(Más afectado)
¡Oh, lanza sagrada
de heridas milagrosas!
¡He visto cómo te blandían,
las manos menos sagradas
(Perdido en sus recuerdos)
Amfortas, cegado por la pasión,
con la lanza en la mano, ¿quién podía prevenirle
de no luchas contra el encantador?
Allí, junto al castillo, nos arrancaron de nuestro héroe:
una temible y bella mujer lo había embrujado;
allí permaneció ebrio entre sus brazos,
y la lanza se le cayó de las manos,
¡un grito de muerte!. Yo corrí hasta él,
pero Klingsor, riendo, desapareció
ante mí llevándose con él la lanza sagrada.
Luché para tapar la herida del Rey,
pero Klingsor, riendo desapareció,
¡y esa herida no se cura!

Tercer Escudero
(A Gurnemanz)
¿Así que vos conocéis a Klingsor?

Gurnemanz
(A los escuderos que regresan)
¿Cómo está nuestro Señor?

Primer Escudero
El baño le ha refrescado

Segundo Escudero
El bálsamo le ha calmado el dolor.

Gurnemanz
(A si mismo)
¡Esa herida no se curará!

(El 3º y 4º escudero ya se han sentando, los otros dos se colocan a los pies de Gurnemanz, bajo un árbol)

Tercer Escudero
Bien, Abuelo, ahora contadnos el cuento:
¿Vos conocéis a Klingsor?… ¿cómo puede ser?

Gurnemanz
¡Titurel, el héroe piadoso
le conocía bien!
Con todo su poder y magia el feroz Enemigo
amenazó al Reino puro de la Fe,
ante él, durante la noche sagrada y seria,
los mensajeros del Salvador se inclinaron.
Le entregaron, para que lo guardara,
ese Cáliz, copa sagrada y noble,
de la cual Él bebió durante la Última Cena,
y en la cual cayó su preciosa sangre
desde la Cruz,
y con el cáliz, la Lanza que le hirió,
ambos testimonios de los más sublimes milagros.
Para guardar estas reliquias construyó un santuario.
Otros vinieron a servir con él.
Recorriendo caminos que ningún pecador puede atravesar,
sólo los puros, ya sabéis, pueden pasar.
A estos hermanos, el Grial otorgó
su fuerza milagrosa.
Más, todo esto le fue prohibido a Klingsor
aunque suplicó y luchó por ello.
Marchó y se asentó en el otro lado, en el valle,
en la tierra del pagano.
No sé qué quería curar o remediar allí,
buscó la santidad.
Indefenso y para acabar con el pecado que había dentro de él,
puso su mano sacrílega sobre su cuerpo,
y después la estiró para coger el Grial,
pero los guardias, precavidos, se la cortaron.
Entonces, Klingsor, lleno de rabia,
intentó hallar la manera de hacer que esta ofrenda mutilada,
se convirtiera en magia endemoniada,
y la halló.
Convirtió el desierto en un jardín de placeres,
en el que crió mujeres de belleza diabólica.
Allí aguardó a los Caballeros del Grial,
y los hizo caer en la malvada lujuria, y en el fuego del infierno.
Aquél que lo intente, puede darse por perdido.
Después Titurel, cansado por la avanzada edad
le entregó el señorío a su hijo,
pero Amfortas no descansaría
hasta que lograra poner fin a tanta brujería.
Ya sabéis lo que ocurrió después:
la Lanza está ahora en manos de Klingsor;
la usa para herir a los Santos,
y cree que pronto nos usurpará el Grial.

(Kundry se ha agitado con remordimiento varias veces)

Cuarto Escudero
¡Antes de nada debemos hacernos de nuevo con la Lanza!

Tercer Escudero
¡Ay! ¡Cuanta gloria y alegría representaría eso para él!

Gurnemanz
Ante el santuario vacío
se halla Amfortas sumido en profunda oración,
suplicando una señal de perdón:
una luz sagrada iluminó el Grial;
una visión sagrada
le habló sin tapujos,
con unas palabras claras y sencillas.
«Al tonto inocente
que aprenderá por la piedad,
a él aguarda,
yo te lo enviaré»

Los cuatro Escuderos
(Muy conmovidos)
«Al tonto inocente que
aprenderá por la piedad…»

(Desde el lago llegan los gritos de caballeros y escuderos; Gurnemanz y los cuatro escuderos se paran a oírlos, alarmados)

Escuderos
¡Ay! ¡Ay!

Caballeros
¡Eh! ¡Eh!

Escuderos
¡Dejadlo!

Caballeros
¿Quién ha cometido este crimen?

(Un cisne silvestre, con el ala herida, cae revoloteando)

Gurnemanz
¿Qué es esto?

Cuarto Escudero
¡Allí!

Tercer Escudero
¡Aquí!

Segundo Escudero
¡Un cisne!

Cuarto Escudero
¡Un cisne silvestre!

Tercer Escudero
¡Está herido!

Caballeros y Escuderos
¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!

Gurnemanz
¿Quién ha disparado al cisne?

(El cisne cae de repente; un escudero le saca la flecha)

Primer Caballero
El Rey dice que es un buen augurio,
pues el cisne llegó volando hasta el lago,
y después apareció la flecha…

(Escuderos y Caballeros entran en escena, llevando a Parsifal)

Caballeros
¡Ha sido él!

Escuderos
¡Él es quien ha disparado! ¡Aquí está el arco!

(Señalando el arco de Parsifal)

Segundo Caballero
(Mostrando la flecha)
Aquí está la flecha, son iguales.

Gurnemanz
(A Parsifal)
¿Has sido tú quien ha matado al cisne?

Parsifal
¡Por supuesto! ¡A todo lo que vuela yo le disparo!

Gurnemanz
¿Tú lo has hecho?
¿Y no te avergüenzas de haber cometido tal acto?

Escudero Y Caballeros
¡Castigad al criminal!

Gurnemanz
¡Acto sin precedentes!
¿Y has podido matar, aquí, en el bosque sagrado,
cuando todo a tu alrededor es paz y tranquilidad?
¿No se te acercaron las bestias del bosque para atacarte?
¿Acaso te dan la bienvenida como a un amigo piadoso?
Desde las ramas de los árboles, ¿qué te decían los pájaros?
El fiel cisne, ¿que te había hecho?
Sólo iba volando en busca de su compañera
para cruzar el lago juntos,
y así bendecir noblemente sus aguas.
¿Cómo es que no te asombraste? Tú, como un simple muchacho,
sólo pensaste en tu arco mortífero.
Nosotros le amábamos: ahora ¿qué es él para ti?
¡Mira, mira aquí! Aquí lo heriste,
por aquí le caía la sangre, su ala cae como muerta,
sus plumas del color de la nieve, se han teñido de oscuro,
su mirada está vacía. ¡mira cómo nos mira!
(Parsifal le escucha cada vez con más emoción. Rompe su arco y tira sus flechas)
¿Eres consciente ahora del pecado que has cometido?
(Parsifal se cubre los ojos con la mano)
Dime, muchacho mío, ¿Comprendes el pecado cometido?
¿Cómo pudiste hacerlo?

Parsifal
No lo sabía

Gurnemanz
¿De dónde eres?

Parsifal
No lo sé

Gurnemanz
¿Quién es tu padre?

Parsifal
No lo sé

Gurnemanz
¿Quién te mostró el camino para llegar aquí?

Parsifal
No lo sé

Gurnemanz
Dinos tu nombre al menos

Parsifal
He tenido tantos
que ahora no sé ninguno

Gurnemanz
¿Así que no sabes nada de nada?
(Para sí mismo)
¡Persona tan tonta como esta
sólo conozco a Kundry!
(A los escuderos, que se han colocado a su alrededor)
¡Vosotros, fuera de aquí!
¡No descuidéis el baño del Rey! ¡Ayudadle!
(Los Escuderos, con reverencia, colocan al cisne muerto sobre un féretro de ramas frescas y se marchan en dirección al lago. Gurnemanz y Parsifal se quedan solos. Kundry les escucha, desde su rincón. Gurnemanz se vuelve hacia Parsifal)
Ahora ¡habla! No sabes nada de lo que te he preguntado:
así que dime lo que si sabes,
pues al menos algo has de saber

Parsifal
Tengo una madre: se llama Herzeleide.
Nuestro hogar está en el bosque y en campo abierto

Gurnemanz
¿Quién te dio el arco?

Parsifal
Me lo hice yo
para perseguir las águilas silvestres del bosque.

Gurnemanz
Mas parecéis noble y de alta cuna:
¿por qué tu madre no te permite
aprender a blandir armas mejores?

(Parsifal no dice nada, Kundry, que durante el recital de Gurnemanz sobre el destino de Amfortas ha estado muy agitada, ahora observa a Parsifal con curiosidad y dice con voz ruda):

Kundry
Su madre tuvo un hijo huérfano,
pues Gamuret había perecido en el combate;
ante una muerte tan prematura del héroe,
su madre tenía la esperanza de proteger a su hijo,
no permitiéndole llevar armas y cuidándole en el bosque: ¡una loca!

(Se ríe) 

Parsifal
(Ha estado escuchando con vivo interés)
¡Sí! Una vez, en los límites del bosque,
montados sobre hermosos corceles,
llegaron radiantes caballeros:
me habría gustado ser como ellos:
pero ellos se rieron y se fueron.
Así que les seguí, pero nunca les alcancé.
He atravesado desiertos, montañas y valles.
Descansaba cuando cía la noche, y volvía cuando amanecía:
solo con mi fiel arco,
contra hombres salvajes y monstruosos…

Kundry
(Se levanta y se acerca a él)
¡Sí! Has abatido la fuerza de salteadores y gigantes,
que han aprendido a salir corriendo al ver tu tierna juventud.

Parsifal
(Sorprendido)
¿Quién me teme? ¡Hablad!

Kundry
¡Los malvados!

Parsifal
Aquellos que me atacaban ¿Eran malvados?
(Gurnemanz se ríe)
¿Quién es bueno?

Gurnemanz
(De nuevo serio)
Tu madre, a la que abandonaste,
y quién llora y se lamenta por ti.

Kundry
Su dolor ha llegado a su fin: su madre está muerta

Parsifal
(Alarmado)
¿Muerta?… ¿Mi… madre? ¿Quién te lo ha dicho?

Kundry
Pasé por allí y la vi morir,
y a ti, tonto, te traigo sus recuerdos.

(Parsifal se lanza al cuello de Kundry, pero Gurnemanz lo retiene)

Gurnemanz
¡Muchacho indisciplinado! ¿Otra vez te estás peleando?
(Kundry se libera de él; Parsifal permanece en silencio)
¿Que te ha hecho la pobre mujer? Sólo te ha dicho la verdad.
Kundry no miente: sencillamente lo vio todo.

Parsifal
(Tembloroso)
¡Me voy a desmayar!

(Kundry, al ver el estado en que se halla Parsifal, corre al manantial, y le trae agua con la que remoja la cara de Parsifal, y le da de beber)

Gurnemanz
¡Bien! Así lo quiere el Grial:
la maldad se disipa cuando actuamos con bondad.

Kundry
(Con tristeza)
Yo no haré nada bueno: déjame en paz,
déjame reposar. ¡ay! ¡estoy tan cansada!
(Se da la vuelta con tristeza y mientras Gurnemanz le tiende una mano paternal a Parsifal, ella se desvanece entre los matorrales)
¡Dormir! ¡Ay, que no me despierten!
(De repente, se acobarda)
¡No! ¡A dormir no! ¡El terror se apodera de mi!
(Empieza a temblar; deja caer los brazos y la cabeza y así se introduce entre los arbustos)
¡Es inútil resistirse! Ya ha llegado la hora.
(Los Caballeros y Escuderos vuelven del lago en dirección al castillo, llevando la litera de Amfortas)
¡Dormir… dormir… debo…!

(Se esconde entre los arbustos, y desaparece de la vista)

Gurnemanz
El Rey ya regresa de su baño,
el sol ya está bien alto.
Permíteme que te lleve al banquete piadoso;
si eres puro,
el Grial será para ti bebida y comida.

(Pone su brazo sobre el hombro de Parsifal, y se lo lleva muy despacio)

Parsifal
¿Quién es el Grial?

Gurnemanz
No debes hablar así de él;
mas, si te acepta
nunca perderás la Sabiduría.
¡Y mira!
Creo que te conozco bastante bien:
ningún camino de la tierra lleva hasta él,
y ningún hombre puede atravesarlo,
a menos que él mismo le guíe.

Parsifal
Apenas he dado un paso,
y me parece que ya he llegado lejos.

Gurnemanz
Mira hijo,
aquí el tiempo no hace cambiar el espacio

(Mientras caminan, la escena va cambiando poco a poco. El bosque desaparece, y en su lugar aparecen gargantas rocosas y túneles de piedra oscura. El camino va subiendo a través de paredes, y la escena cambia por completo. Gurnemanz y Parsifal entran en la Sagrada Sala del Grial) .

Gurnemanz
(Dirigiéndose a Parsifal estupefacto)
Ahora, abre bien los ojos, y muéstrame
el tonto inocente que eres
y que sabiduría se te concederá

(La luz ilumina la sala desde una gran bóveda. A ambos lados, las puertas del fondo están abiertas; por la de la derecha entran los Caballeros del Grial, que se sientas alrededor de las mesas)

Caballeros
La Última Cena de Amor
que se ofrece día tras día
(Un grupo de escuderos cruza el escenario hacia el fondo)
Como si fuera la última vez,
¡que no se repita después de ésta!
(Un segundo grupo de escuderos cruza la sala)
Si tus actos son bondadosos,
esta comida te renovará;
serás refrescado
con el don de las alturas

(Los Caballeros se colocan en las mesas. Los escuderos llevan a Amfortas en una litera: delante de él, cuatro escuderos transportan el Relicario cubierto que contiene el Grial, la procesión se dirige hacia el centro, al fondo, donde hay colocado un diván donde colocan a Amfortas: ante él, hay una piedra de altar sobre la que los escuderos colocan el Relicario cubierto que contiene el Grial)

Jóvenes
(Las voces provienen desde lo alto de la cúpula)
Para este mundo pecador,
entre miles de dolores,
como antes ya sangró él,
para el héroe salvador,
ahora ya con los corazones alegres,
dejad que mi sangre también fluya.
Su cuerpo, tal como él nos confesó,
vive en nosotros a través de su propia muerte.

Pajes
(Desde lo más alto de la cúpula)
La Fe se mantiene viva;
la Paloma, única mensajera del Redentor,
revolotea sus alas.
¡Bebed de este vino,
que fluyó para vosotros,
y comed del pan de la vida!

(Todos ocupan ya sus puestos. Después de un completo silencio, se oye una voz desde el fondo. Es la voz de Titurel, que parece venir desde la tumba)

Titurel
Hijo mío, Amfortas, ¿Eres tú quien oficias el servicio?
¿Me permitirás al menos que vea el Grial, y que viva?
¡Acaso debo morir sin haber sido guiado por el Redentor?

Amfortas
¡Ay Dios! ¡Ay Dios! ¡Qué tormento hay dentro de mi!
¡Mi padre! ¡Ay, una vez más
oficiad el servicio!
¡Vivid, vivid… y dejadme morir!

Titurel
Estoy en la tumba, por la gracia del Redentor:
mas, me siento demasiado débil para servirle.
¡Con el servicio compensa tu deuda!
¡Destapar el Grial!

Amfortas
¡No! ¿Déjalo cubierto! ¡Ay!
¿Acaso nadie puede ver el dolor
que me causa mirar lo que en otro tiempo me deleitaba?
¡Además de la herida, de su ira abrasadora
de este dolor y este tormento infernal,
he de ser maldecido con este servicio sacro.
¡Esta es la angustiosa herencia que me dejaron,
a mi, pecador entre pecadores,
debo guardar el objeto sagrado entre los sagrados,
y llorando, suplicar que se me conceda la gracia de aquél que tiene un corazón puro!
¡Oh castigo, castigo sin igual,
cuya… ¡ay! clemencia me hace sufrir tanto!
A Él y a su divina compasión
debo desear con fervor,
desde lo más profundo de mi alma,
debo alcanzarle para poder salvarme.
Ya ha llegado la hora:
un rayo de luz resplandece sobre la obra sagrada;
el velo ha caído.
El líquido divino del Sagrado Cáliz
se enciende con una fuerza resplandeciente,
el dolor me sacude con un inmenso placer,
siento cómo fluye en mi corazón,
el manantial de la más sagrada de las sangres:
Pero, entonces, desde mi interior, mi sangre pecadora
como empujada por una corriente de pecados
vuelve a fluir dentro de mi,
y el mundo de los pecadores,
se apodera de mi con una aversión desgarradora;
y de nuevo rompiendo todas las puertas,
vuelve a manar,
por aquí, por esta herida, igual a la Suya,
que provocó la misma lanza
que le hizo la herida a nuestro Salvador,
y a través de la cual, con lágrimas sangrientas,
el Divino lloró a causa de la ofensa de la humanidad,
con una ansia sagrada de compasión,
y ahora a través de mi herida, en el mismo lugar divino,
como guardián del más sagrado de los tesoros
y guardián del bálsamo de la salvación,
la sangre del pecado vuelve a manar de nuevo
de la fuente del eterno deseo,
que ¡ay! ¡ninguna penitencia puede detener!
¡Piedad! ¡Piedad!
¡Compadécete de mi! ¡Ay piedad!
¡Llévate mi herencia,
cierra mi herida,
para que pueda morir en gracia,
puro y perdonado por Ti!
(Cae postrado)

Pajes Y Jóvenes
(Desde la cúpula)
«El tonto inocente,
al que la piedad hará saber;
a él esperadle,
yo os lo enviaré»

Caballeros
Así se os prometió.
Esperad y tened confianza,
y ahora realizad el servicio.

Titurel
Destapad el Grial.

(Amfortas se reincorpora con dificultad. Los pajes quitan la cubierta del Relicario. Extraen el Cáliz de cristal al que le sacan la tapa, y lo colocan frente Amfortas) 

Voces
(Desde lo alto)
Tomad mi sangre,
tomad mi cuerpo,
en nombre de nuestro amor

(Amfortas se arrodilla para rezar; la oscuridad cae sobre la sala)

Pajes
(Dese lo alto)
Tomas mi sangre,
tomas mi cuerpo,
en recuerdo mío

(Un deslumbrante rayo de luz cae sobre el Grial que resplandece con un rayo brillante. Amfortas, transfigurado, alza el Cáliz y consagra el pan y el vino. Todos se arrodillan) 

Titurel
¡Oh, dicha sagrada!
¡Cómo la gracia del Señor brilla hoy sobre nosotros!

(Amfortas baja el Cáliz que los pajes vuelven a depositar, en el Relicario, y lo cubren como antes. Vuelve a haber luz. Los cuatro pajes van pasando pan y vino)

Pajes
(Desde arriba)
Pan y Vino de la Última Cena,
que el Señor del Grial ha transformado,
gracias a la gran compasión del amor,
en la sangre que derramó,
en el cuerpo que descansó en la tumba

(Los cuatro pajes cogen del altar las jarras de vino y las cestas de pan que Amfortas ha bendecido, y las distribuyen entre los Caballeros, Gurnemanz, que ha aguardado un sitio detrás de él, llama Parsifal, Pero Parsifal, permanece solo, a un lado, de pie y muy recto)

Jóvenes
(A media altura de la cúpula)
Sangre y cuerpo, sagrados presentes,
transformados en comida.
¡Que el espíritu nos reconforte
con este vino escanciado para nosotros,
este pan, que nos alimenta.

Caballeros
(Primer grupo)
¡Tomas este pan,
para que se convierta en vuestra propia carne,
y fortificadlo
fieles hasta la muerte;
honestos en todas vuestras pruebas,
para continuar la obra del Redentor!

Caballeros
(Segundo grupo)
¡Tomas el vino,
para que se convierta en vuestra propia sangre,
y encended el fuego de la vida,
y la alegría de la unión,
en verdades hermandad,
para luchar junto al bendito espíritu!

Todos los Caballeros
¡Bendecidos por la fe!
¡Bendecidos por la fe y el amor!

Jóvenes y Pajes
¡Bendecidos por el amor!
¡Bendecidos por la fe!

(Los Caballeros se dan abrazos de paz. Durante la comida, Amfortas, que no ha participado en ella, poco a poco a recaído por el esfuerzo de tanta exaltación: inclina la cabeza y se lleva la mano a la herida. Los pajes se le acercan; por sus movimientos, queda claro que la herida ha empezado a sangras de nuevo; atienden a Amfortas, tumbándolo en su litera, y mientras los demás se preparan para salir, ellos se llevan a Amfortas y el Relicario sagrado. Del mismo modo, los Caballeros abandonan la sala en solemne procesión. Empieza a oscurecer. Al oír el grito de dolor de Amfortas, Parsifal se lleva la mano al corazón. A partir de ese momento, permanece inmóvil. Gurnemanz se le acerca y lo zarandea)

Gurnemanz
¿Por qué te quedas aquí?
¿Sabes lo que has visto?
(Parsifal, aún con la mano en el corazón, menea la cabeza)
Sí, no eres más que un inocente.
(Abre la puerta lateral)
¡Vete! ¡Sal por aquí!
Gurnemanz te ha avisado:
¡de ahora en adelante deja a los cisnes en paz,
y dedícate mentecato, a los gansos!
(Echa a Parsifal y se va a unirse a los Caballeros que ya han salido)

Una voz alta
(Desde la cúpula)
«¡El tonto inocente,
al que la piedad hará saber!»

Voces
(Desde arriba)
¡Bendecido por la fe!

(Campanas)



 

PRELUDIO

ACTO II

(El castillo mágico de Klingsor. El interior de una torre abierta por la parte de arriba. Un foso. Instrumentos de tortura y magia. Klingsor se halla sentado ante un espejo de metal)

Klingsor
Ha llegado la hora
El tonto inocente pronto se verá atrapado en mi castillo mágico,
ya lo veo venir, saltando como un niño.
A ella, su propio encantamiento la ha sumido en un sueño en el que parece estar muerta,
pero yo sé cómo ponerle fin:
¡Levántate! ¡A trabajar!
(Salen vapores que lo envuelven; empieza a hablar en dirección al foso)
¡Aquí! ¡Aquí! ¡Por aquí!
¡Tu señor te llama a ti, que no tienes nombre,
diablesa de los orígenes del mundo, Rosa del Infierno!
Tú eras Herodías, ¿y quién más?
¡Allí Gundryggia, aquí Kundry?
¡Aquí, aquí, Kundry!
¡Tu señor te llama: ven a mi!
(Kundry, tumbada bajo una luz azulada, parece dormir. Poco a poco empieza a moverse como si se estuviera despertando; al final, deja escapar un terrible grito)
¿Te has despertado? ¡Bien!
Una vez más, mi voluntad ha caído sobre ti,
en el momento justo.
(Kundry gime, con desgana)
Dime, ¿por dónde has estado vagabundeando otra vez?
¡Qué asco! ¡Con esa banda de caballeros,
que te tratan peor que una bestia!
¿Acaso no estás mejor conmigo?
Cuando me entregaste a su señor,
¡ja, ja! El puro guardián del Grial
¡que te hizo volver de nuevo a ellos?

Kundry
(Con voz ronca y cansada)
¡Ay! ¡Ay!
¡Noche profunda!…
¡Locura! ¡Oh, Furia!…
¡Ay! ¡Desgracia!…
Dormir… dormir…
¡dormir profundamente!… ¡Muerte!

Klingsor
¿Pero otro te despertó? ¿No?

Kundry
¡Sí!… ¡mi maldición!
¡Oh, deseo… deseo!

Klingsor
¡Aha! ¡Deseo de castos caballeros!

Kundry
Allí… allí.. yo les serví

Klingsor
Sí, sí ¿para remediar el daño,
que con tanta malicia les habías provocado?
Ellos no te ayudan:
yo los compraré a todos,
si pago el precio justo;
el más fuerte de todos ellos sucumbirá
si logras que caiga entre tus brazos,
y entonces sobre él caerá la lanza,
que arrebaté a su propio señor.
Este que hoy nos desafía es el más peligroso:
su simplicidad le protege como un escudo.

Kundry
¡Yo no quiero! ¡ay!

Klingsor
No, pero lo harás porque debes hacerlo.

Kundry
Vos… no podéis… obligarme

Klingsor
Pero puedo dominarte

Kundry
¿Vos?

Klingsor
Tu señor
Kundry
¿Con qué poder?

Klingsor
¡Ja! Contra mi
tu poder… no puedes hacer nada

Kundry
(Rompe a reír) 
¡Ja, ja! ¿Acaso sois tan casto?

Klingsor
(Furioso)
¿Qué pregunta es ésa, maldita mujer?
(Sombrío)
¡Horrible fatalidad!
¿Acaso el diablo se burla ahora de mí,
porque una vez intenté figurar entre los santos?
¡Horrible fatalidad!
¡Oh, insumiso dolor del deseo,
impulso horrible doblegado en el infierno,
que yo he conseguido dominar en el silencio de la muerte!
¿Y ahora se ríe y burla de mí,
a través de ti, novia del diablo?
¡Cuidado!
Pagarás por tus burlas y risas:
ese orgulloso, fuerte con su justicia,
que me expulsó de su lado,
su tribu serán mis esclavos,
y al santo guardián
haré consumirse,
sin redención; y pronto, creo
yo guardaré el Grial
¡Ja, ja!
¿Te gustó mucho Amfortas, el héroe
que te envié como compañero del placer?

Kundry
¡Ay! ¡Desgracia!… ¡Desgracia!
¡Él, también es débil!.. ¡Todos son débiles!…
¡Todos se convertirán en víctimas,
si yo soy parte de la maldición!
¡Oh, sueño eterno,
única salvación!
¿cómo… cómo puedo conseguirte?
Klingsor¡Ja! Aquél que te desafíe, te liberará:
¡inténtalo con este muchacho que se acerca!

Kundry
Yo… ¡no quiero hacerlo!

Klingsor
(Subiéndose a la almena)
¡Ya casi ha pasado las murallas!

Kundry
¡Oh! ¡Ay de mí! ¡Ay de mí!
¿Para esto he despertado?
¿Debo hacerlo? ¿Debo hacerlo?

Klingsor
(Mirando desde la almena)
¡Ah! ¡Es un muchacho apuesto!

Kundry
¡Oh, oh! ¡Ay de mí!

(Inclinándose hacia fuera, Klingsor hace sonar un cuerno)

Klingsor
¡Eh ahí! ¡La guardia! ¡Vosotros Caballeros!
¡Héroes! ¡A las armas! ¡El enemigo se acerca!
¡Ja! ¡Cómo corren hacia las murallas,
ciegos por la locura, para proteger a su hermosa diablesa!
¡Así! ¡Con valentía! ¡Con valentía!
¡Ah! No les tiene miedo: Ya ha desarmado al valiente Ferris,
y ataca con furia a los otros
(Una risa incontrolable se apodera de Kundry)
¡Que mal se les da luchas con ahínco a esos payasos!
¡Uno ha perdido un brazo, otro una pierna!
(Kundry grita y desaparece)
¡Ja, ja! Rompen filas. Huyen
(La luz azul ha desaparecido. Abajo hay una completa oscuridad. Por encima de las murallas, se ve un cielo totalmente azul)
¡Todos los hombres se arrastran a casa herido!
¡No os servirá de nada!
¡Toda la orden de los Caballeros,
podría sucumbir ante él!
¡Ay! ¡Ahí en las almenas, que orgulloso parece!
¡Cómo sonríen las rosas de sus mejillas,
al mirar como un niño,
el jardín desierto!
(Se vuelve hacia el foso)
¡Eh, Kundry!
¿Qué? ¿Ya has empezado a prepararte?
¡Ja, ja! ¡Que bien me sabía el encantamiento
que te pondría de nuevo a mi servicio!
(Dirigiéndose hacia el interior)
Tú, ese de ahí, jovenzuelo
¿que profecía,
te ha traído hasta aquí?
Demasiado joven y atolondrado,
y ya has caído en mis redes:
¡una vez te halla despojado de tu pureza,
sucumbirás a mi poder!

(Rápidamente, desaparece junto con la torre; al mismo tiempo se alza el jardín mágico: vegetación tropical, flores exuberantes. En la parte de atrás se hallan las almenas de las murallas del castillo. Sobre las murallas se encuentra Parsifal, mirando hacia el jardín, sin salir de su asombro. De todas partes aparecen bellas doncellas. Éstas llevan velos de colores pastel que se ha puesto a toda prisa, como se acabaran de levantarse de un largo sueño)

Doncellas
(Las unas a las otras)
¡Ha sido aquí! ¡Aquí! ¡El clamor!
¡Las armas! ¡Gritos feroces! ¡Maldición!
¿Quién es el culpable?
¿Dónde está el culpable?
¡Venganza!

 Doncella – Grupo I
Mi amado, herido

 Doncella – Grupo II
¿Dónde está el mío?

 Doncella – Grupo I
¡Me he despertado sola!

Coro I y II
¿A dónde han escapado?

 Doncella – Grupo II
¡Dónde está mi amado?

3ª Doncella – Grupo I
¿Dónde está el mío?

 Doncella – Grupo II
¡Me he despertado sola!

Doncellas
(Las unas a las otras)
¿Dónde están nuestros amados?
¡Dentro, en la sala!
¿Dónde están nuestros amados?
¡Los vimos en la sala!
¡Los vimos llenos de heridas, sangrientas!
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Salvémosles!
¿Quien es nuestro enemigo?
(Señalan a Parsifal)
¡Ahí está!
¡Miradlo! ¡Miradlo!
¡Ahí está! ¿Dónde? ¡Ahí!
¡Ja! ¡Ya lo veo!

 Doncella – Grupo I
¿En su mano lleva la espada de mi Ferris!

 Doncella – Grupo I
Yo veo la sangre de mi amado

Coros I y II
¡Era él!

 Y  Doncella – Grupo II
¡Mí héroe se lanzó al combate

 Y  Doncella – Grupo I
¡Y todos le siguieron

 Doncella – Grupo I
¡Mí héroe se lanzó al combate!

Coros I y II
¡Todos se lanzaron, pero se encontraron con él en guardia!
¡Ay de mí! ¡Ay de él! ¡Ha derribado a nuestros amados!

 Doncella – Grupo I y Doncellas del Coro I
¡Ha derribado a mi amado!

 Doncella – Grupo II y Doncellas de los Coros
¡Me ha arrebatado a mi amigo!

 Doncella – Grupo II y Doncellas de los Coros
¡Su espada está manchada de sangre!

 Doncella – Grupo II y Doncellas de los Coros
¡El enemigo de mi amado!

Doncellas
¡Maldición! ¡Tú, ese de ahí!
¡Maldito seas!
¿Por qué nos has traído tanta desgracia?
¡Maldito seas!
(Parsifal salta al jardín)
¡Ja! ¡Es valiente!

1ª Doncella – Grupo I y 1ª y 2ª Doncella – Grupo II
¿Te atreves a acercarte?

2ª y 3ª Doncella – Grupo I y 3ª Doncella – Grupo II
¿Por qué has matado a nuestros amados?

Parsifal
Hermosas doncellas, ¿acaso no tuve que matarlos?
Bellas damas: me impedían el paso hacia vosotras.

 Doncella – Grupo II
¿Querías llegar a nosotras?

 Doncella – Grupo I
¿Ya nos habías visto antes?

Parsifal
Nunca había visto una estirpe tan bella:
Creo que sois hermosas, ¿acaso no estoy en lo cierto?

 Doncella – Grupo I
Así pues ¿no nos vas a matar?

 Doncella – Grupo II
¿No nos matarás?

Parsifal
No podría

 Doncella – Grupo II
Y sin embargo, ¡Ya nos has hecho tanto daño!

 Y  Doncellas – Grupo I y II
¡Tanto y tan doloroso!

 Doncellas – Grupo I y II
Has matado a nuestros compañeros de juego

Doncellas
¿Quién jugará con nosotras ahora?

Parsifal
¡Yo, con mucho gusto!

(Las doncellas-flor ríen y rodean a Parsifal, jugueteando. Mientras él se va acercando a los animados grupos, las doncellas del grupo I y el coro I se separan para completar el adorno floral)

Coro I
Así pues ¿somos de tu agrado?
Grupo II
¡Quédate! ¡No nos dejes!

Coro II
¡Ven acércate!

 Doncella – Grupo II
Si no nos haces daño…

 Doncella – Grupo II
te recompensaremos…

Grupo II
(Alternativamente)
… no jugamos por oro.

 Doncella – Grupo II
Jugamos por amor

 Doncella – Grupo II
¿No deseas consolarnos?

 Doncella – Grupo II
¡Si es así, tú ganarás!

(Las doncellas del grupo I y coro I vuelven, vestidas con flores y con aspecto de flores; se acercan a Parsifal)

 Flor – Grupo I
¡Dejad al muchacho!

 Flor – Grupo I
¡Es mío!

 Flor despues la  – Grupo I
¡No!

Coro I y Grupo I
¡Ah! ¡Traidoras!
¡Se han adornado en secreto!

(El grupo que ha vuelto se coloca alrededor de Parsifal, y las doncellas del grupo II y el coro II salen del escenario)

Coro I y Grupo II
(Dando vueltas a Parsifal y halagándolo)
¡Ven, ven, hermoso muchacho!
¡Ven, ven! ¡Deja que florezca para ti!
¡Hermoso muchacho! ¡Para tu placer y consuelo
me he molestado tanto en arreglarme!

 Flor – Grupo I
¡Ven, hermoso muchacho!

 Y  Flor – Grupo I
¡Hermoso muchacho!
(El grupo II y el coro II vuelven igual de adornadas)

Las Flores
¡Ven, ven, hermoso muchacho!
¡Deja que florezca para ti!
¡Para tu placer y consuelo,
me he molestado tanto en arreglarme!

Parsifal
(Pasando entre los grupos, alegre)
¡Qué aroma tan dulce desprendéis!
¿Acaso sois en realidad flores?

 Flor – Grupo I
El tesoro del jardín…

 Flor – Grupo II
… y esencias de dulce perfume.

 Flores – Grupo I y II
¡Nuestro señor nos arranca en primavera!

 Flores – Grupo I y II
Crecemos aquí…

 Flores – Grupo I y II
… bajo el sol estival…

 Y  Flores – Grupo I y II
… floreciendo para ti, llenas de placer.

 Flores – Grupo I y II y Coro I
¡Ahora se bueno y ámanos!

 Flores – Grupo I y II y Coro II
¡No dejes a las flores sin su recompensa!

Flores
Si no nos amas y cuidas,
nos consumiremos y moriremos

 Flor – Grupo II
¡Tómame en tu seno!

Coro
¡Ven, dulce muchacho!

 Flor – Grupo I
¡Deja que te refresque la frente!

Coro I y II
¡Deja que florezca para ti!

 Flor – Grupo I
¡Deja que te acaricia la cara!

 Flor – Grupo II
¡Deja que te bese en la boca!

 Flor – Grupo I
¡No! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo soy la más bella!

 Flor – Grupo I
¡No! ¡La más bella soy yo!

Coro I y II
¡Yo soy la más bella!

 Flor – Grupo II
¡No! ¡Mi aroma es más dulce!

Doncellas
¡No! ¡Yo! ¡Yo! ¡Sí, yo!

Parsifal
(Deshaciéndose de ellas con amabilidad)
Descontrolado y hermoso jardín de flores,
¡si queréis que juegue con vosotras, tenéis que dejarme espacio!

 Flor – Grupo II
¿Nos estás riñendo?

Parsifal
Pero ¿si os estáis peleando entre vosotras?

 Flor – Grupo I despues  Flor – Grupo II
Nos peleamos por ti
ParsifalControlaos

 Flor – Grupo I
Dejadle, veis: ¡es a mí a quien quiere!

 Flor – Grupo I
¡Me prefiere a mí!

 Flor – Grupo II
¡No, a mí!

 Flor – Grupo II
¡No, me prefiere a mí!

 Flor – Grupo II
¿Me rechazas?

 Flor – Grupo I
¿Me tienes miedo?

 Y  Flores – Grupo I y  Flor – Grupo II
¿Me rechazas?

Coro
¿Qué? ¿Acaso tienes miedo de las mujeres?

Grupo II
¿No te atreves?

Coro II
¿No te atreves?

 Flor – Grupo I
¡Chico malo! ¡Tan inseguro y frío!

Coro I y II
¡Malo!
¿Y tan tímido?

 Flor – Grupo II
¡Chico malo! ¡Tan inseguro y frío!

Coro II
¡Tan tímido y frío!

 Flor – Grupo I
¿Permitirás que las mariposas hagan la corte a las flores?

 Y  Flores – Grupo I
¡Qué tímido es!

 Y  Flores – Grupo II
¡Qué frío es!

Coro
¡Dejadlo! ¡No os acerquéis a él!

Flores – Grupo I y II
Lo dejamos por perdido

Coro II
¡Oh dejad que sea totalmente nuestro!

Flores – Grupo II
¡No! ¡Es mío!

Flores
¡No, es nuestro! ¡Todo nuestro!
¡Mío también! ¡Todo mío!

Parsifal
(Medio enfadado; empujándolas)
¡Separaos de mí! ¡Dejadme espacio!

(Empieza a marcharse, pero una voz le detiene)

Kundry
¡Parsifal! ¡Quédate!

(Alarmadas por la voz, las doncellas se separan de Parsifal)

Parsifal
¿Parsifal?
Así, en sueños, me llamaba mi madre.

Kundry
¡Quédate ahí! ¡Parsifal!
¡El mayor de los placeres y la fortuna te saludan!
Vosotras, amantes infantiles, dejadle;
flores que pronto marchitaréis,
él no está destinado a jugar con vosotras.
Id a casa, cuidad de los heridos;
muchos héroes abandonados os esperan.

(Arrepentidas, las doncellas salen dirigiéndose al castillo)

 Flor después  Flor – Grupo II
¿Dejarte a ti?

 Flor – Grupo II
¿Abandonarte?

 Flor después LA  Flor – Grupo I
¡Ay de mí!

 Flor – Grupo I
¡Ay de mí, que dolor!

Coro I y II
¡Ay de mí!

Flores – Grupo I
Con gusto les abandonaríamos a todos…

Flores – Grupo I y II
… para quedarnos a solas contigo.

Coros I y II
¡Adiós, adiós!
¡Adiós, héroe, tú orgulloso tú… simple!
(Salen corriendo, riéndose)

Parsifal
Todo esto… ¿no lo he soñado?

(Se vuelve hacia donde ha salido la voz que ha oído. Kundry aparece como una joven de gran belleza, totalmente transformada, llevando una túnica de flores al estilo Arabe)
¿Me llamaste a mí, el que no tiene nombre?

Kundry
Yo te llamé, corazón simple y puro
«Fal Parsi»
el puro y simple: «Parsifal»
Así, cuando moría en la tierra de los sarracenos,
antes de morir tu padre Gamuret,
pidió que se diera este nombre a su hijo,
que aún estaba en el vientre de su madre.
Yo te he estado esperando aquí, para decirte todo esto:
¿qué, sino el deseo de saberlo, te ha hecho venir hasta aquí?

Parsifal
Nunca había visto, ni nunca había soñado don lo que ahora veo,
y con lo que ahora, con miedo, inunda mi alma,
¿también tú floreciste en este bello jardín?

Kundry
¡No, Parsifal, corazón simple y puro!
Mi tierra está lejos.. muy lejos.
Para que pudieras encontrarme te he estado esperando.
Vengo desde muy lejos, y he visto muchas cosas.
Vi al recién nacido sobre el pecho de su madre,
aún puedo oír la risa de sus primeros balbuceos,
y cómo, con el corazón alegre,
Herzeleide también reía,
cuando tú, la niña de sus ojos,
se reía de su dolor.
Arrecostada con cuidado sobre el tierno musgo,
adormece con caricias a su amado niño,
igual que, con sumo cuidado,
una madre tierna vigila a su hijo que duerme,
y cuando llega la mañana, la escarcha caliente
de las lágrimas de la madre, despierta al niño.
No podía más que llorar, al verte, nacido del dolor
del amor y muerte de tu padre.
Y protegerte de tales desgracias,
se convirtió para ella en una obligación suprema.
Intentó guardarte y protegerte de las armas,
y del estruendo de las luchas de los hombres.
¡Ay! Ella era toda cuidado, toda ansiedad:
pero tal conocimiento no debería legarte.
¿No oías sus llantos de lamento
cuando te alejabas tanto y durante tanto tiempo?
¡Ay! ¡Cuando, después de buscarte, te encontraba,
que alegría y que risa alegraban su corazón!.
Cuando sus brazos te rodeaban con tanta ansia,
¿no te deban miedo aquellos besos?
¡Y sin embargo, no supiste ver
su desesperación, ni su desgarrador dolor,
cuando, al final, no regresaste
y tus pisadas se borraron en el camino!
Esperó día y noche,
hasta que su lamento se agotó;
cuando la pena acabó con su dolor,
se entregó a la tranquilidad de la muerte:
el dolor le rompió el corazón
y Herzeleide… murió.

Parsifal
(Deshecho, a los pies de Kundry)
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¿Qué he hecho? ¿Dónde estaba?
¡Madre! ¡Dulce y amada madre!
¡Tu hijo, tu hijo te mató!
¡Oh, tonto! ¡Idiota, tonto sin remedio!
¿A dónde me dirigí, olvidándome de ella…
olvidándome incluso de mí mismo?
¡Querida, amada madre!

Kundry
Mientras el dolor te era desconocido,
el dulce consuelo
no podía animarte el corazón.
Para el mal del que ahora te arrepientes,
para la desgracia que ahora sufres,
para ellos el amor te ofrece consuelo.

Parsifal
(Aún más conmovido)
¡Mi madre, mi madre! ¡y pude olvidarme de ella!
¡Ay! ¿Hubiera preferido olvidarme de todo lo demás?
¿En qué estaba pensando?
La simple estupidez se ha apoderado de mí!

(Kundry se inclina, le acaricia la frente y le pone el brazo alrededor del cuello)

Kundry
Confesar
el arrepentimiento pone fin al sentimiento
de culpabilidad;
el saber
convierte las locuras,
en algo con sentido.
¡Aprende a conocer ese amor,
que se apoderó de Gamuret,
cuando las feroces llamas de Herzeleide
le consumieron.
Muerte y estupidez deben dar paso
a este cuerpo y a esta vida,
que te fueron otorgados;
y hoy, ahora
como si fuera la última bendición de tu madre,
el amor te ofrece… este primer abrazo.

(Se ha inclinado sobre la cabeza de Parsifal y le da un largo beso. De pronto, él se pone en pie; le ha cambiado la expresión y parece que esté sufriendo un dolor espantoso)

Parsifal
¡Amfortas!
¡La herida! ¡La herida!
¡Me quema aquí en el costado!
¡Ay! ¡El grito!
¡El más terrible grito!
¡Me llama desde lo más profundo de mi corazón!
¡Oh, oh!
¡Pobre desgraciado! ¡Ay, miserable!
¡He visto cómo sangraba la herida:
y ahora me sangra a mí!
¡Aquí! ¡Aquí!
¡No! ¡No! No es la herida.
¡Qué su sangre fluya desde aquí!
¡Aquí, aquí! ¡En el corazón, entre las llamas!
¡El deseo el terrible deseo
que se apodera de mí y me empuja a seguir!
¡Oh! ¡El tormento del amor!
¡Cómo se estremece todo, como da vueltas y tiembla,
con un deseo pecaminoso!…
(Kundry mira a Parsifal llena de terror, mientras él sigue, cada vez más inspirado)
Mis ojos se detienen ante el Cáliz Redentor,
donde la sagrada sangre resplandece;
el place de la Redención, la divina mansedumbre,
hacen estremecer a todas las almas;
solo aquí, en mi corazón, el dolor persistirá.
Ahora comprendo el lamento del Salvador,
el lamento, ¡ay!
el lamento
por el Relicario profanado:
«¡Sálvame y aléjame
de las manos manchadas de pecado!
«Así habló Dios con un grito horrible,
que resonó en mi alma.
Y yo… el tonto, el cobarde me lancé a juguetear con hazañas infantiles.
(Cae al suelo de rodillas, desesperado)
¡Salvador! ¡Redentor! ¡Señor de la Gracia!
¿Cómo puedo yo, un pecador, reparar mi falta?

Kundry
(Titubeando, intenta acercarse a Parsifal)
¡Noble héroe! ¡Déjate de fantasías!
¡Mírame! ¡Sé bueno con esta portadora de gracia que se te acerca!

Parsifal
(Aún de rodillas, observando los movimientos seductores de Kundry)
¡Sí! ¡Esa voz! Así le llamaba,
y estos, estos labios que tan traicioneramente le sonreían… sí…
le atrajeron hacia ella,
así inclinó el cuello,
así alzó valientemente la cabeza,
así danzaban sus hermosos cabellos,
así su brazo rodeó su cuello,
así, con suavidad, le acarició las mejillas.
Sufriendo todos los dolorosos tormentos a la vez,
ella le arrancó con un solo beso,
la redención de su alma.
(Se levanta despacio)
¡Ay! ¡Ese beso!
(Le da un empujón a Kundry)
¡Tentadora! ¡Apártate!
Para siempre… para siempre… ¡Apártate de mí!

Kundry
(Con apasionada desesperación)
¡Cruel!
Si en tu corazón no sientes
más que el dolor ajeno,
¡siente ahora el mío!
Si en verdad eres un salvador,
¿qué te impide, malvado
unirte a mí para salvarme?
Todo este largo tiempo te he esperado a ti,
redentor, del que tanto me burlé,
y ahora es demasiado tarde.
¡Ay!
¿Acaso no conocías la maldición
que, despierta o dormida
viva o muerta
en la alegría o en la tristeza,
me atormenta sin cesar,
con un dolor cada vez más agudo y penetrante?
¡Yo le vi.. le vi a Él
y… me reí!
¡Entonces, Él me miró!
Y ahora le busco de mundo en mundo,
para encontrarme con Él otra vez.
Cuando estoy realmente desesperada,
creo que sus ojos me miran de cerca,
y que su mirada se posa sobre mí.
Y entonces, de nuevo esa risa maldita vuelve a surgir de mí,
¡cuando un pecador cae entre mis brazos!
¡Y río! ¡Río!
No puedo llorar,
tan sólo gritar, desvariar,
vociferar, enfurecerme,
en una noche interminable de locura,
de la cual, me despierto arrepentida.
Por Él, languidezco de deseo,
a Él conocí, de Él me burlé,
déjame que llore sobre Su pecho,
junto a ti, sólo durante una hora,
y aunque Dios y el mundo me rechazaron,
contigo podré liberarme de mis pecados y redimirme.

Parsifal
Durante toda la eternidad,
sufrirías tu maldición
junto a mí,
si una hora,
olvidándome de mi misión
me dejara rodear por tus brazos.
He sido enviado a redimirte a ti también,
si es que puedes reprimir tus deseos.
El consuelo que pondrá fin a tu dolor
no proviene de la misma fuente que éste:
nunca se te concederá la salvación,
mientras esa fuente no se haya secado para ti.
Hay otra… otra ¡ay!
donde vi a los hermanos
lamentándose, consumiéndose por la cruel desgracia
castigando y mortificando su propia carne.
Sin embargo, ¿quién no reconoce
la clara y brillante fuente de redención?
¡Oh, aflicción que ahuyentas la redención!
¡Oh mundo oscurecido con falsas fantasías:
aquél que arde de pasión por la divina redención
se ve postrado por el deseo de la fuente de la maldición!

Kundry
(Fuera de sí)
¿Así que fue mi beso
lo que te ayudó a ver esa segunda imagen?
Entonces, el abrazo que te puedo dar con todo el amor de mi corazón,
te pondría a la altura de un dios.
Tú salva al mundo si esa es tu misión:
pero esta hora puede convertirte en un dios,
aunque me deje a mi maldita para siempre
y mi herida nunca se cure.

Parsifal
Te traigo la redención, muchacha pecadora.

Kundry
Déjame que te ame como a mi dios,
y ésa será mi redención.

Parsifal
Amor y redención tendrás,
sólo si me muestras el camino
que conduce a Amfortas.

Kundry
(En un arrebato de ira)
¡Nunca… le encontrarás!
¡Ha caído, deja morir
a ese infortunado deshonroso,
payaso innoble,
del que yo, burlándome, me reí… reí… reí!
¡Ja, ja! ¡Su propia lanza le causó su herida!

Parsifal
¿Quién fue quien le hirió con la lanza sagrada?

Kundry
Fue él, fue él,
el que mi risa maldijo.
Su maldición… ¡Ay!… me hizo fuerte;
¡contra ti alzaré mis armas,
si tú, con piedad, honras al pecador!
¡Ja! ¡Locura!
(Suplicando)
¡Piedad! ¡Ten piedad de mí!
¡Se mío durante tan sólo una hora!
¡Se tuyo durante tan sólo una hora!
Después
te mostraré el camino
(Intenta abrazarlo, pero él la rechaza)

Parsifal
¡Aléjate mujer endemoniada!

Kundry
(Arañándose el pecho y mirando a lo lejos)
¡Ayúdame! ¡Ayúdame! ¡Por aquí!
¡Arrestad al granuja!
¡Cortad los caminos!
¡Cortad los senderos!
Si te marcharas de aquí, si intentaras
encontrar todos los caminos del mundo,
los senderos que buscas,
no los encontrarías:
he maldecido para ti
esos caminos y senderos
que te trajeron hasta mí.
¡Oh, errante! ¡errante!
Tú que me eres tan leal,
te pido que seas su guía.

(Klingsor aparece en la muralla blandiendo su lanza)

Klingsor
¡Detente o te detendré con todas mis armas!
¡El tonto está destinado a probar la lanza de su señor!

(Tira la lanza que se queda colgada en el aire por encima de Parsifal)

Parsifal
(Cogiendo la lanza)
Con esta señal rompo el hechizo,
igual que cura la herida
que tú abriste,
que así lleve tu falsa pompa
a la miseria y a la ruina.

(Hace la señal de la cruz; el castillo desaparece; un desierto aparece donde estaban los jardines; Kundry cae al suelo. Desde arriba, Parsifal se vuelve hacia ella)

Parsifal
¡Tú ya sabes
donde puedes encontrarme de nuevo!

(Se va. Kundry lo sigue con la mirada)



PRELUDIO

ACTO III

(Los dominios del Grial. Un paisaje primaveral con el fondo lleno de colinas en flor. Un manantial donde empieza el bosque. Una cabaña levantada contra una roca. Es muy temprano, Gurnemanz, ya un anciano que se parece más a un ermitaño que a un caballero, sale de la cabaña y escucha)

Gurnemanz
El gemido ha venido de allí.
Ninguna bestia salvaje ha emitido jamás un quejido semejante,
al menos en una mañana tan divina como ésta.
(Se oye un quejido)
Creo que conozco ese llanto.
(Se acerca a un arbusto, y separa las hojas; de repente se para)
¡Ah! ¡Es ella! ¿Ha vuelto?
Los crueles espinos invernales
le han cubierto, pero ¿Durante cuánto tiempo?
¡Levántate! ¡Kundry! ¡Levántate!
¡Ya ha acabado el invierno y ha llegado la primavera!
(Arrastra a Kundry, que permanece inmóvil, hasta un lecho de hierba)
¡Despierta! ¡Despierta a la primavera!
¡Fría y rígida!
Esta vez parece que esté muerta de verdad:
sin embargo era su quejido lo que he oído

(Intenta reanimarla. Al final, abre los ojos, grita y se pone en pie. Lleva puestas las ropas de mensajera del primer acto. Sin embargo, su cara está más pálida y ya no tiene un aspecto salvaje ni se comporta como tal. Mira a Gurnemanz, se arregla la ropa y el cabello, y parece esperar órdenes)

¡Muchacha alocada!
¿No me dices nada?
¿Así me das las gracias
por haberte despertado una vez más
de tu sueño mortal?

Kundry
(Inclinando la cabeza, con voz ronca)
¡Para servir… para servir!

Gurnemanz
(Sacudiendo la cabeza)
¡No será duro para ti!
¡Ya no volverás a ser enviada como mensajera!
Ahora, cada hombre busca sus propias
raíces y hierbas,
tal como lo hemos aprendido de las bestias del bosque.
(Kundry se ha metido en la cabaña; Gurnemanz la sigue con la mirada)
¡Cómo ha cambiado su manera de caminar!
¿Habrá sido obra de este día divino?
¡Oh! ¡Día de gracia incomparable!
No cabe duda de que ha sido por su propia salvación,
que hoy he despertado a esta pobre doncella,
de su mortal sueño.

(Kundry vuelve a salir con una jarra que lleva hasta el manantial. Ha visto a alguien acercarse a lo lejos, y se lo señala a Gurnemanz. Durante la entrada de Parsifal, Kundry se hace a un lado con la jarra llena y entra en la cabaña, donde se pone a hacer cosas)

¿Quién es éste que en un día tan glorioso se acerca,
con una armadura tan negra?
¡No pertenece a la hermandad!

(Parsifal sale del bosque con una armadura negra; con la visera bajada y una lanza en la mano. Se dirige hasta el lecho de hierba y se sienta. Gurnemanz lo mira con atención, y va hacia él)

¡Saludos, huésped!
¿Os habéis perdido y queréis que os muestre el camino?
(Parsifal niega con la cabeza)
¿No me devolvéis el saludo?
(Parsifal deja caer la cabeza)
¡Eh! ¿Qué?
Si vuestro voto os obliga
a contestarme en silencio
el mío me obliga
a deciros cómo debéis comportaros:
os halláis en tierra sagrada,
y no es apropiado llevar armas aquí,
ni yelmo ni escudo, ni lanza.
¡Y menos hoy! ¿Acaso no sabéis
qué día santo es hoy?
(Parsifal niega con la cabeza)
¡Pues vaya! ¿De dónde vienes?
¿Entre qué paganos has estado viviendo
que ni siquiera sabes que hoy
es Viernes Santo, el más sagrado de los días?
(Parsifal inclina aún más la cabeza)
¡Rápido! ¡Deja las armas!
No ofendas al Señor que en este día
desarmado, derramó su sagrada sangre
para salvar a este mundo pecador!

(Parsifal se levanta; tira la lanza al suelo, deja su espada y su escudo, se levanta la visera, se saca el yelmo y lo deja en el suelo. En silencia, se arrodilla ante la lanza y reza. Gurnemanz lo mira con sombro, y le hace señales con el dedo a Kundry que acaba de salir de la cabaña. Parsifal, ahora, levanta la cabeza con devoción hacia la lanza)

¿Le conoces?
Es él, el que hace ya tiempo disparó al cisne.
(Kundry asiente con la cabeza)
Si, seguro, es él
el tonto, al que eché de entre nosotros
(Kundry mira a Parsifal)
¡Ay! ¿Qué camino siguió?
¡Esa lanza… yo la conozco!
(Con gran emoción)
¡Oh día bendito, entre los benditos!
¡que yo haya vivido para verte!

(Kundry se ha dado la vuelta. Parsifal se levanta después de rezar, la mira con calma, y le da la mano a Gurnemanz)

Parsifal
¡Dios me ha salvado, pues os he vuelto a encontrar!

Gurnemanz
¿Así que me reconocéis?
¿Aún me reconocéis
agobiado por el dolor y la desgracia?
¿Cómo has llegado hasta aquí hoy? ¿Y de dónde?

Parsifal
He venido siguiendo caminos errantes de dolor;
¿He acabado por fin mi búsqueda cuando
de nuevo oigo
el murmullo del bosque
y a vos os saludo, buen anciano?
¿O todavía he de seguir buscando?
Todo me parece tan cambiado

Gurnemanz
Decidme ¿a dónde lleva el camino que buscáis?

Parsifal
A él cuyo grito desesperado
oí hace tiempo con mucho asombro,
a él para quien fui escogido,
para traerle salvación.
Más ¡ay!
no he sido capaz de encontrar el camino que lleva a esa salvación,
cuando, errante
una terrible maldición se apoderó de mí:
incontables peligros,
combates y luchas
me hicieron perder el camino,
y no pude reencontrarlo.
Me desesperé
por mantener a salvo la sagrada lanza,
y por guardarla y protegerla
resulté herido al defenderla;
sin embargo
no blandí la lanza en la lucha,
sin profanarla
la mantuve junto a mí,
para poder traerla a casa,
donde pueda brillar intacta:
la Lanza Sagrada del Grial.

Gurnemanz
(En éxtasis)
¡Oh, gracia! ¡La más alta redención!
¡Oh milagro! ¡Divino y esplendoroso milagro!
(Dirigiéndose a Parsifal, un poco más calmado)
¡Oh, Señor mío! Aunque hubo una maldición
que os hacía perder vuestro camino,
ahora – podéis creerme – todo se ha acabado.
Aquí estáis; estos son los dominios del Grial,
donde sus caballeros os aguardan.
¡Ay, que necesitados están de esa gracia,
de esa gracia que vos les traéis!
Desde aquel día en que estuvisteis entre nosotros,
el dolor y la aflicción que entonces visteis,
aquel sufrimiento ha llegado a su punto álgido.
Amfortas luchando contra la herida
luchando contra la angustia de su alma, intenta seguir viviendo,
y en medio de tanta locura, aguanta hasta que le llegue la muerte.
En vano le imploran los afligidos caballeros,
pero él se niega a retomar su cargo divino.
Hace mucho tiempo que el Grial permanece oculto en su Relicario,
pues así su guardián,
atormentado por la culpa,
espera que, ya que no puede morir
al mantenerlo oculto y no poder verlo,
acelerará su fin,
y al poner fin a su vida, así pondrá también fin a su dolor.
Se nos ha negado la carne santa,
y hemos de alimentarnos con comida vulgar;
así se ha aplacado la fuerza de nuestros héroes.
Nadie nos envía ya mensajeros
para que vayamos a combatir lejos de aquí santas cruzadas.
Los caballeros, tristemente afligidos, van de un lado a otro
pues han perdido su ánimo y su líder.
Yo me escondí en este extraño rincón del bosque,
para esperar a que me llegara la paz de la muerte,
que ya ha llegado al que antes era mi señor en la guerra.
Pues, Titurel, santo heroico,
ya no se reconforta mirando el Grial,
está muerto: ¡Un hombre como todos nosotros!

Parsifal
(Profundamente afligido)
¡Y yo, soy yo
quien ha provocado toda esta desgracia!
¡Ay, tantos pecados
tantos crímenes cometidos
durante toda la eternidad
pesan sobre este pobre idiota,
que ninguna expiación, ningún arrepentimiento podría
abrirme los ojos,
yo, el elegido para lograr la redención,
me perdí tan lejos de aquí,
y perdí esa redención por todos los caminos!

(Se deja caer. Gurnemanz le ayuda a sentarse. Kundry va a buscar agua para refrescarse)

Gurnemanz
(Empujando a Kundry a un lado)
¡Así no!
¡Deja que el manantial sagrado
bañe a nuestro peregrino!
Creo que hoy aún le queda por hacer
otra sagrada hazaña,
y realizar el acto sagrado:
así que déjalo tal como está
y que se bañe y limpie todas las manchas
de su largo y errante camino.

(Entre los dos lo llevan al manantial, Kundry le quita las grebas, y Gurnemanz le desabrocha la coraza)

Parsifal
¿Es hoy cuando visitaré a Amfortas?

Gurnemanz
(Sigue desnudándolo)
Sí, seguro; el impresionante castillo os aguarda:
las exequias de mi amado señor
me han llamado para que vaya.
Una vez más, sacaremos el Grial de su Relicario,
en una misa largamente esperada,
y una vez más oficiará
y santificará a su noble padre,
que pagó por el pecado de su hijo,
el cual ahora intenta expiar su culpa;
así nos lo ha prometido Amfortas.

(Parsifal mira a Kundry sorprendido mientras ella le lava los pies)

Parsifal
(A Kundry)
Tu me has lavado los pies
ahora deja que mi amigo me lave la cabeza

(Gurnemanz coge agua con las manos y se la tira a Parsifal por la cabeza)

Gurnemanz
¡Yo te bendigo a ti, el más puro de los hombres con esta agua pura!
¡Qué toda culpa y aflicción
desaparezca de ti!

(Mientras Gurnemanz solemnemente echa agua sobre la cabeza de Parsifal, Kundry saca un frasco de entre sus ropas y le unge los pies con el contenido; después se los seca con sus cabellos)

Parsifal
(Con suavidad, le quita el frasco a Kundry y se lo da a Gurnemanz) 
Tú me has ungido los pies,
ahora deja que el amigo de Titurel me unja la cabeza
¡Y déjale que en este día me declare Rey!

(Gurnemanz le unge y une sus manos)

Gurnemanz
Así se nos prometió;
así yo te unjo la cabeza
para poder declararte Rey.
¡Tú, el más puro de entre los hombres!
¡Tú misericordioso que tanto has sufrido,
tú que sabías cómo conseguir la salvación!
¡Ya que has hecho tuya su aflicción,
ahora toma, como último servicio, su poder Real!

(Parsifal toma agua del manantial)

Parsifal
¡Mi primera misión, así la ejecuto!:
(Se inclina sobre Kundry, que está arrodillada, y le echa agua por encima)
¡Recibe este bautismo,
y cree en tu Redentor!
(Kundry cae al suelo, y llora. Parsifal se gira hacia la pradera y la mira con una mirada llena de ternura)
¡Qué hermosa me parece ahora la pradera!
¡He visto flores maravillosas,
que me llegaban hasta la cabeza,
y en cambio nunca había visto unas hojas tan dóciles,
y tiernas,
unos capullos y unas flores como éstas
que tan sólo con su dulce aroma perfuman el aire
y me hablan con tanto amor.

Gurnemanz
Es el encanto del Viernes Santo, mi Señor

Parsifal
¡Ay! ¡El día de los más grandes dolores!
¡Creo que todo lo que florece,
todo lo que respira, que vive y sigue viviendo,
no debería lamentarse y llorar!

Gurnemanz
Pero mirad, no es así.
Son las lágrimas de arrepentimiento del pecador,
lo que hoy, en forma de rocío divino
salpica la pradera de flores:
por eso se alegran.
Así es cómo todas las criaturas celebran
ver la hermosa huella de su Salvador,
y le ofrecen sus plegarias.
No lo ven en la cruz:
lo ven entre la humanidad redimida
la humanidad liberada del peso del pecado
gracias al amor puro y a la ofrenda de salvación de Dios.
Las hojas y las flores de la pradera así lo señalan;
¡hoy, ningún hombre caminará sobre ellas,
e igual que Dios, que gracia divina,
se apiadó del hombre y cargó con su sufrimiento,
así el hombre hoy caminará,
con cuidado sobre ellas.
Todas las criaturas dan las gracias,
todo lo que ahora florecer y pronto ha de morir,
pues la naturaleza redimida vive hoy,
en este día de inocencia.

(Kundry ha levantado la cabeza y mira a Parsifal con calma)

Parsifal
Vi marchitarse a aquellas que hace tiempo se rieron de mí:
¿desean ahora su salvación?
Tus lágrimas también son un bendito rocío:
¡Lloras! ¡Pero, mira! ¡La pradera sonríe!
(Le besa en la frente. Se oyen campanas a lo lejos)

Gurnemanz
¡Ya es medio día!
Ya ha llegado la hora.
¡Dadme permiso para marchar, mi señor, y vuestro escudero os guiará!

(Gurnemanz ha cogido su capa de caballero. Con la ayuda de Kundry, se la pone a Parsifal, que le sigue con la lanza en la mano. Se produce el mismo cambio de escenario del primer acto. Aún se les puede ver un rato, pero al final desaparecen con el bosque. Aparecen bóveda rocosas. Se ve la sala del Grial, sin las preparaciones de fiesta, llevan el ataúd de Titurel, y a Amfortas en una litera).

 Procesión de Caballeros
(Con Amfortas)
Escondido en el Relicario que lo protege,
llevamos el Grial al oficio sagrado
¿Quién es el que te guarda en esa oscura urna
y por quién estamos de luto?

 Procesión de Caballeros
(Con el cadáver de Titurel)
Un héroe es quien sostiene el Relicario que causa tanta tristeza,
el que sostiene el divino poder de ese héroe.
Dios en persona se lo dejó a su cargo hace ya tiempo:
es Titurel a quien traemos.

 Procesión de Caballeros
¿Quién consiguió abatir a quien el mismo Dios
protegía con su propia mano?

 Procesión de Caballeros
Le abatió el victorioso peso de los años,
pues ya no podía ver el Grial

 Procesión de Caballeros
¿Quién le excluyó de la gracia divina de ver el Grial?

 Procesión de Caballeros
Este a quién aquí traemos, el guardián pecador

 Procesión de Caballeros
Ahora lo traemos para que una vez más,
y por última vez
oficie la ceremonia.
¡Ay! ¡Por última vez!

(Colocan a Amfortas sobre su diván detrás del altar y a Titurel, en su ataúd, delante. Los Caballeros se giran hacia él)

 Procesión de Caballeros
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Vos, guardián del Grial!
¡Ay, por última vez,
oficiad la ceremonia!
¡Por última vez! ¡Por última vez!

Amfortas
(Incorporándose un poco, exhausto)
¡Ay de mí! ¡Ay! ¡Desgracia, la desgracia cae sobre mí!
¡Así, con placer, me uno a vuestra llamada!
¡Y aún con más placer dejaría que me matarais!
¡Oh, sería la más dulce de las muertes!
(Abren el ataúd. Un grito de dolor. Amfortas se levanta del diván y se gira hacia el cadáver)
¡Mi padre!
¡El más bendito de los héroes!
¡Vos, el más puro, ante el cual los ángeles se inclinaban!:
¡El único por el que habría muerto,
y en cambio, a vos os provoqué la muerte!
¡Oh! ¡A Él a quien, vos, bañado con luz divina,
al mismo Salvador que ahora podéis ver,
A Él implorad que Su divina sangre
hoy, una vez más, Su gracia, pueda descender
hasta los hermanos para refrescarles
y traerles de nuevo la vida,
pero a mí que me conceda tan sólo la muerte.
¡Muerte! ¡Morir!
¡Mi única gracia!
¡Que permita que esta terrible herida, este veneno queden para siempre borrados!
¡Y que silencie mi corazón abatido!
¡Padre mío! ¡A vos os invoco,
para que Le supliquéis!:
¡Oh, Salvador, conceded la paz a mi hijo!

Caballeros
(Acercándose a Amfortas)
¡Destapad el Grial!
¡Oficiad la ceremonia!
Pues así lo quiere vuestro padre:
¡Debéis hacerlo! ¡Debéis hacerlo!

(Amfortas, fuera de sí, corre hacia los caballeros)

Amfortas
¡No! ¡Nunca jamás! ¡Ay!
Ya siento que la muerte se apodera de mis fuerzas,
y sólo conseguiría volver otra vez a la vida!
¡Es una locura!
¿Quién quiere volverme a la vida?
¿Acaso sabría éste cómo concederme la muerte?
(De repente, se abre las ropas)
¡Aquí me tenéis – aquí tenéis la herida abierta!
¡Sacad la espada y clavadla
hasta lo más hondo – bien hondo, hasta la empuñadura!
¡Venga héroes!
¡Acabad con el pecador y con su dolor,
y así el Grial volverá a brillar sobre todos vosotros!

(Todos retroceden horrorizados. Parsifal, acompañado por Gurnemanz y Kundry, se ha adelantado sin ser visto. Saca la lanza y toda con ella el costado de Amfortas)

Parsifal
Sólo un arma puede hacerlo:
la herida sólo se cerrará
con la misma lanza que la provocó.
(Amfortas, con la cara transfigurada, se tambalea. Gurnemanz le sostiene)
¡Quedaréis redimido y curado!
¡Yo oficiaré la ceremonia!
¡Benditos sean tu sufrimiento
que la divina fuerza de la piedad
y el más puro poder del conocimiento
otorgaron a un débil tonto!
(Ante la vista de todos, Parsifal alza la lanza sagrada)
La Lanza Sagrada
¡Os la traigo de vuelta!
(Sorpresa general. Lleno de entusiasmo, Parsifal sigue alzando la vista hasta la punta de la lanza)
¡Oh, alegría suprema de este milagro!
¡Mirad cómo, desde aquella que os ha curado la herida
fluye la sagrada sangre,
deseosa de llegar a su manantial
durante mucho tiempo perdido!
¡Mirad cómo fluye en el Grial!.
Ahora nunca podrá abrirse otra vez:
¡Destapad el Grial, abrid el Relicario!

(Parsifal sube los escalones del altar, coge el Grial y se arrodilla, absorbido en plegarias. El Cáliz brilla. Por abajo se hace cada vez más oscuro, mientras que por arriba hay cada vez más luz)

EscuderosJóvenesCaballeros
(Desde arriba, a penas se les oye)
¡Supremo milagro de salvación!
¡Redención para el Redentor!

(La luz brilla con más fuerza. El Grial se abrasa. Una paloma sale volando desde la cúpula y revolotea por encima de Parsifal. Kundry cae al suelo, muerta, con la mirada fija en él. Amfortas y Gurnemanz se arrodillan ante Parsifal que bendice a la congregación).

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